Bell Ville, Jueves 19 de Octubre de 2017
 

Eran otros hombres

"Los sucesos cotidianos si no se escriben, se pierden en la noche de los tiempos y se olvidan".
Héctor "Pipo" González

La acertada sentencia del maestro me induce a dejar constancia escrita de una anécdota de la que fui único testigo y que pocos  conocen. La referencié con algunos amigos solamente, quienes me recomendaron la conveniencia de escribirla por la importancia de lo sucedido, ya que en ella queda demostrado lo que asevero en el título.
Trabajé en la Municipalidad de Bell Ville algunos años. Me desempeñaba en la Secretaría. Mi misión era atender al público y de acuerdo a lo que cada uno necesitaba para solucionar su problema, yo lo trasmitía al secretario que lo derivaba a la dependencia indicada o se lo comunicaba al intendente.
Fue con el interventor Alberto Biondi cuando se produjo mi ingreso, siendo secretario Alberto Coudray. Luego asumió don Nilo Colmano, que en los distintos períodos tuvo como secretarios a don Juan Fournier, don Francisco Leroux, a Nicolás De Simone y Aldo Nanzer. Trabajé con todos ellos.
En cierta oportunidad tuve que anunciar al intendente Nilo Colmano la visita del exintendente don Arturo Matterson. Lo hice pasar y don Nilo me pidió que me quedara. De la conversación de estos dos grandes funcionarios públicos, surgió que don Arturo declaraba su preocupación por no poder cumplir con el pago de sus impuestos municipales en tiempo y forma. Pedía consejo para cumplir con este sagrado deber, tan caro para él.
Terminada la entrevista acompañamos, el Intendente y yo a don Arturo que, apoyado en su bastón, se conducía trabajosamente para bajar las escaleras del Palacio Municipal .Tenía por ese entonces 80 años aproximadamente. Ya en la acera de la calle 25 de Mayo, fuera de la Municipalidad, don Nilo le dijo las palabras que quedaron grabadas a fuego en mí ,que me emocionan y me quiebran cada vez que las recuerdo.
Dijo: "Don Arturo, usted sabe que los dineros de la comuna no son míos, son de toda la comunidad. Yo no puedo utilizar esos dineros sino solamente para cumplir con el presupuesto y realizar la obras para la ciudad. Tampoco puedo condonar ni morigerar su deuda. Pero yo, que aquí fuera de la Intendencia soy un ciudadano común, lo voy a ayudar". Y sacó de los  bolsillos de su pantalón todo el dinero que tenía para que el ilustre ciudadano pagara sus impuestos.
Acto que sin duda, al menos para mí, demuestran la nobleza y la honradez de los dos grandes intendentes: la preocupación de uno por no poder cumplir con sus obligaciones tributarias y otro por no distraer los dineros del pueblo sin acomodos, sin corrupción, sin amiguismos. Lo que valida contundentemente de que aquellos eran otros hombres.
Roberto Bruno

   
       
         
   
 
     
   
       
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